“La raza demonio ya ha matado a decenas de miles de nuestros compatriotas, causando que su sangre tiña la tierra. En los últimos tres mil años, los seis Templos nunca han mostrado remordimiento por ellos y han hecho lo mejor que era posible por la supervivencia de la humanidad de modo que, un día, nosotros seremos capaces de reconquistar todos los territorios perdidos y expulsar aquellos crueles y perversos demonios. Nosotros trabajaremos hasta nuestro último aliento.

Long Haochen, debes mantener firme en tu mente, la raza demonio es el enemigo que nosotros más tenemos intenso y profundo odio.”

La voz de Xingyu estaba llena de poder e incluso Long Haochen de solo nueve años fue increíblemente influenciado por sus palabras y su sangre hervía con agitación.

“La raza demonio es el enemigo que nosotros más tenemos intenso y profundo odio.” El firme tono de Long Haochen copió el modo de Xingyu de decir estas palabras.

Xingyu asintió, “Nosotros concentramos todos nuestros esfuerzos para expulsarlos de nuestra patria, para recapturar nuestro territorio perdido, y proteger nuestras personas importantes. Pregúntate: un día, si no pudiéramos bloquear el progreso de la raza demonio nunca más, ¿qué sucedería a nuestro pueblo, Odin? Tus amigos, tu madre, ¿qué clase de catástrofe soportarían?”

A medida que Long Haochen lo hizo, se estremeció incontrolablemente, y su mirada se veía furiosa.

Viéndolo, Xingyu reveló una expresión de satisfacción, podía ver naturalmente que ese chico ya había guardado todo lo que dijo firme en su mente.

“Hoy, te enseñaré solo esta cantidad de conocimiento histórico. A partir de mañana, te hablaré acerca del origen de los Seis Grandes Templos. Luego, te enseñaré acerca de la escritura, así como algunos conocimientos sobre la raza demonio.”

Después de toda la mañana, Long Haochen estaba inmerso en varias historias que Xingyu le contó. Comparado con su antiguo Instructor, Balza, las cosas que le enseñó el nuevo Instructor eran completamente diferentes. Le instruiría en todo tipo de lecciones, algunas veces de forma alusiva, en otras con un método sencillo. Era como si su conocimiento no tuviera límites. En una mera mañana, Long Haochen descubrió que había aprendido mucho, lo que hizo que le agradará su maestro, Xingyu.

“Mañana en la mañana, te haré un examen sobre todo lo que te dije hoy. Ahora, vamos a comer. Tu tendrás que descansar después.”

Diciendo esto, Xingyu parecía más normal que lo usual, y caminó inmediatamente hacia la mesa de madera.

Una caliente energía abrasadora surgió desde las manos de Xingyu y, bajo la mirada estupefacta de Long Haochen, la comida de inmediatamente emanó un poco de vapor caliente y denso.

Un gran cuenco de arroz completamente lleno, que parecía como si estuviera chispeando, con cuatro porciones muy grandes de comida: dos de carne y dos de vegetales. Debido a que su familia siempre había estado careciendo de dinero, nunca había comido una comida tan buena. Solo de verla, los ojos de Long Haochen se iluminaron.

Xingyu tomó dos pares de palillos, “Come. Cuando termines puedes descansar un rato.”

Long Haochen se apresuró a colocarse al frente Xing e inesperadamente se arrodillo ante él, dejando salir un sonido ‘Puff’.

“¿Qué estás haciendo? No me digas que no sabes que los hombres tienen oro bajo sus rodillas[1], ¿cómo pueden ellos bajar sus rodillas ante otros?” Xingyu lo regañó con furia.

Long Haochen bajó su cabeza, diciendo vacilante, “Maestro, yo, yo…”

“Qué ‘yo’, después de un pequeño favor bajaras tus rodillas a otros como ahora, ¿no me digas que estoy enseñando a un bicho sumiso?” La voz de Xingyu incluso se puso estricta.

Long Haochen inclinó la cabeza: “Maestro, tengo una petición, puedo comer menos cada día, ¿así que cuando vaya a casa puedo llevarle algo de comida para mi Madre? Madre nunca ha probado una comida tan buena.”

La furia de Xingyu de repente se calmó, de su furia inicial no quedaba nada, y él ahora parecía algo lento. Gracias a que Long Haochen aún estaba con su cabeza agachada, no notó que, en ese momento, los labios de su misterioso nuevo maestro ligeramente temblaron suavemente con ambos ojos brillando incluso más.

Levantándose poco a poco, Xingyu empujo la puerta y estaba saliendo, pero su voz fue enviada de regreso: “Párate y come. Te prometo que todo el tiempo que seguirás mi entrenamiento y cumplas mis requerimientos, haré a alguien entregar comida a tu madre cada día.”

“Gracias maestro.” Long Haochen estaba lleno de alegría, sus rodillas giraron hacia la puerta, que sonó Ping Ping Ping antes de cerrarse, cuando se levantó, empezó a comer esta atractiva comida.

Xingyu de pie detrás de la puerta, observaba el cielo. Era el único que podía escuchar estas palabras que soltó: “Modestia, honestidad, compasión, coraje, rectitud, sacrificio, perseverancia, amor, justicia, ¿qué le falta? ¿Él es verdaderamente un caballero innato?”

Cuando regresó a la cabaña, Long Haochen ya había terminado de comer el almuerzo, pero cada plato de comida tenía la mitad de su parte, y un cuenco de arroz estaba puesto en el frente del puesto de Xingyu. Como lo vio regresar, rápidamente se levantó y lo saludó respetuosamente.

“La habitación en la próxima puerta es tuya, ve allí y descansa. Te llamaré a la hora fijada.”

“Si.” Long Haochen verdaderamente pensó que el Maestro Xingyu era un regalo traído por el cielo para él, y fue a descansar con gran deleite.

Luego de media hora, Xingyu llamo a Long Haochen.

“Desde la tarde al anochecer, tu practicarás. Esto es para ti.” Xingyu le dio a Long Haochen un par de espadas de bambú verdes oscuras.

Las espadas de bambú eran más ligeras que cualquier espada de madera que Long Haochen había incluso usado y el mango, aunque era ligero, era aún bastante duro.

Xingyu lo llevó por los brazos, saltando una vez más hacia el pico de la montaña y, en un rato, ya había sacado a Long Haochen hacia algún lugar en medio camino de la montaña.

Apuntando a una larga roca frente a ellos, Xingyu dijo: “Esta es una colmena de hormigas búho. Adentro hay miles de hormigas búho. Aunque estos insectos nos son bestias mágicas, son muy agresivos, particularmente a los intrusos. No puedes olvidar usar estas espadas de bambú para protegerte.”

Con tal simple explicación y sin siquiera esperar a que Long Haochen entendiera el asunto, Xingyu lo pateó hacia el agujero en la roca y Long Haochen gritaba alarmado mientras era enviado adentro de la oscura cueva.

El cuerpo de Long Haochen aterrizó en algo suave y aunque habiendo caído de una altura de siete metros, estaba todavía consciente.

La gran roca en la parte superior se usaba para bloquear la entrada hasta que Xingyu la movió para empujar a Long Haochen adentro de la cueva, luego poniéndola de nuevo, y ahora Long Hao podía ver débilmente a diez metros cerca de él.

Además, en ese momento, con un zumbido, Long Haochen podía sentir algunas numerosas criaturas cerca que estaban volando en todas direcciones.

En ese momento, entendió que significaba y blandió su par de espadas de bambú.

Sin embargo, lo que aprendió en el Salón de Odin era solo las habilidades básicas de cortes, tajadas y empujes, y ante él estaban incontables hormigas búho que estaban en frenesí. En un instante, su cuerpo fue mordido y picado por una gran cantidad de ellos.

Un dolor violento fue transmitido por todo su cuerpo, haciendo a Xiao Long Chen proferir lamentables llantos y las espadas de bambú en sus manos fueron liberadas.

“Este es uno de los métodos de practica que te instruiré y, además, tu primer examen. Si eres incapaz de resistir esto, puedes marcharte mañana.”

La voz de Xingyu se propagó en las orejas de Long Haochen, haciéndolo entrar en pánico y perdiendo su firmeza, pero el severo dolor de su cuerpo fue incluso mayor que el efecto de aquellas palabras. Sus ropas no podían retener las picaduras de las hormigas búho por más tiempo y las espadas de bambú en sus manos fueron ondeadas en desorden golpeando claramente un gran número de cuerpos.

“Puedo resistir esto.” Long Haochen gritó. Pensando en su madre y en las palabras de Xingyu, su coraje empezó a sobrepasar el miedo y yendo con todo se mantuvo ondeando las espadas de bambú en sus manos, tratando de conducir afuera a estas hormigas búho que lo atacaban incesantemente.

“El actual tu no puede ver, pero meramente has perdido tu sentido de visión. Aún tienes tu sentido del oído, tu sentido del tacto, e incluso tu sentido del gusto. Usa todo lo que pueda ayudarte, habilidades para sentir todo alrededor tuyo.”

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[1] Es un proverbio acerca del honor de un hombre, muy mencionado en varias novelas chinas.
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